viernes, 12 de septiembre de 2014

Debe ser...



Debe ser muy fácil olvidarme o debe ser increíblemente sanador no estar junto a mí, ninguno de los hombres que han estado a mí lado han vuelto. Debo ser una enfermedad, una de esas que no se sabe de dónde viene y dónde va a terminar, de esas enfermedades que llevan al hombre a buscar milagros, de esas demoníacas que solo el agua de Dios se puede llevar. Es muy fácil olvidarme, tan fácil que no hay diferencia entre morir hoy, en unos días o en unos años…

martes, 6 de agosto de 2013

AMOR FATAL


Necesito enamorarte urgente. Urgente necesito empezar a fluir. Fluir en tu cuerpo, tu alma desgarrar. Desgarrar tu ropa, tus labios lamer, tu lengua chupar. Chupar tu vida es lo que quiero, absorber tu espíritu no sería suficiente, tu tumba escavar no sería sorprendente. Sorprendente la manera como te amaré, sorpresiva la explosión de mi estomago por amor. Amor es lo que quiero darte…

sábado, 26 de febrero de 2011

ERES LAGO Y ERES RIO...



Tu “superficialidad” tibia como la arena del mar, se paseó toda la noche entre los dedos de mis pies, mis ojos se abrían continuamente para recordar tu mirada en los rayos del sol. Paradójico, tiempo atrás tu aguas tan turbulentas me alejaban de la orilla, pero ahora, tu rio se hizo lago, juntos, uno contra el otro, las aguas de tus colinas encontraron morada sobre mis manos; mágicamente estacionadas crearon el hábitat que en este precioso instante ahoga mis pensamientos. Son contados los segundos frente a frente, el apretón de manos que tú denuncias como agresión, que me esfuerzo por transformar en caricia con intención. Son tus ojos como el cristal, distantes, inertes, sin vida en los otros, sin nada que sentir como los otros, pero son esos mis ojos que florecen en mi presencia, esos mismos tan llenos de vida, tan plenos de color, tan mieles, tan vivos, tan apetecibles para lo complejo de mi ser; para mi lengua de marfil. Ahora dormirás, imagino tu cabello despeinado, tus luces apagadas, tus pensamientos en analogía de “bella durmiente”, tu inconsciente revolucionado; pintando una y mil escenas, donde espero “humildemente” recobres los restos de las horas junto a mí. En alusiones te recorro, recreo tus manos sobre las sábanas, las recuerdo sobre la mesa y las imagino sobre tu pecho, me deslizo suavemente por tus labios, intento descubrir tu boca, pero el temor a despertarte me detiene, intento a besarte, pero el miedo a fallar me sostiene. Me escabullo cuidadosamente entre tus piernas recogidas, en tus pies desconocidos, en tu aroma apenas perceptible. Me detengo a tomar a tomar un café en la cúspide de tu cama, te miro, así es como me gustas, así es como te recuerdo, como el lago placido que me espera, como el cuerpo que me invita, como el alma que me habla, así es como me gustas. Así, cuando estamos uno contra el otro, tan libres de los otros, tan plenos de dolor, tan colmados de eternidad. Ahora, no eres rio, no escucho tu corriente golpear contra las piedras, tus gotas no son esquivas, no son gotas que lastiman, son gotas que invitan. Como ves, eres lago y eres rio, así, como en un medio día de febrero mi inspiración encontró en ti su lienzo, para pintar una mañana tus aguas en palabras, eres lago y eres rio…

jueves, 24 de febrero de 2011

SALPÍCAME...


Tú, tú despiertas “algo” que no puedo explicar, una confusión lacaniana de significantes que no logra significado. Una “representación cosa” que no llega a ser palabra. Mi estilo denuncia mi autoría, mis frases señalan a quién escribo. Hoy, de nuevo, escribo para ti. Cuántas noches, no lo sé, quisiera saberlo, quisiera hacer alarde de la escisión de mi “Yo”, de lo poco que quedó en lo primario y de lo “tanto” que se estacionó en lo secundario; o al menos así lo quiero creer. Busco tus palabras, lo “toxico” lo bebí hace mucho, ¡con disgusto claro!, disgusto porque esperaba respuesta inmediata, pero aquella vez tu “droga” se hizo esperar. La omnipotencia del narcisismo habló a mi oído, insinuó alejarme, insinuó un juego, donde mi fragmentado self no sería más que la pelota que estrellas en la pared mientras sonríes con las bromas de tus “monstruos”. Mi “arco reflejo” se hace evidente, la génesis del placer estalla sobre mi ombligo, me regreso a los movimientos mágicos del niño sobre su objeto, y como un egoísta contemporáneo, como un loco obsesivo, te deseé en mi hombro, desee ser tu hombro; en un acto fallido remplacé la “o” por la “e”. Te deseo en mis tímpanos, morí, muero aún, por escuchar las palabras, a veces no basta con leer, a veces el “hambre” supera la razón. A veces como la mascara embrujada que eres destruyes mis finas defensas, la grandiosidad de la “neurosis obsesiva”, la magnifica protección de la “intelectualización”. Como ves, hice mi mejor intento, quise defenderme, quise huir de ti, pero caí, caí hasta el fondo, escribí en “nuestro” idioma, pretendiendo escapar del sentimiento, pero se agota la “energía” de mi inconsciente, del inconsciente de mi "Yo". Ahora, agotado, desnudo, con la “virilidad” al vuelo, libre de las cadenas del ave de rapiña que juzga en el “tripartito” puedo decir que he pasado noches enteras fantaseando con tu presencia. He imaginado un pacto entre los dos, algo más allá de la psique, algo más profundo del corazón, un pacto donde tus palabras se regocijen en los puntos vivos de mis piernas, una esquina de tus labios donde el hielo de mi razón se condense en lo dulce de mi pasión. A esta hora, estás ahí, frente a las claves cuidadosamente tejidas, mientras estoy aquí, añorándote, esperando, contando en cada día que pasa los abrazos que se acumulan, esperando en una noche salpicarme de tu voz, salpicarme de tus ojos, salpicarme de tu saliva…

miércoles, 23 de febrero de 2011

EL CAPRICHO DE ISIS...


A veces soy tan complejo, otra tantas tan absurdo, unas muchas tan iluso. Cuando el sol brilla un cuerdo ignorante, en presencia de la luna un sabio lunático. Días en los que espero tanto, mañanas en las que no deseo ni respirar. Tardes tan humano, otras tantas la redención de un dios maligno. Soy como un niño perdido que espera a una familia, un cachorro solitario en la profunda oscuridad, pero también soy, un padre protector, un dragón para defender lo que creo, quiero y amo. Si alguna vez te asustó una doble personalidad, aquí te podrían asustar mil y una personalidades juntas. Este no es más que el experimento fallido de un segundo Frankenstein que una noche, sin pretensión, Isis se sentó alegremente a esculpir. Con aspiraciones de Márquez, con la suspicacia de Freud, con los ojos de Medusa y con el cuerpo y el hambre de lucha de algún esclavo egipcio, se fue dando forma, pero ella quiso más. Añadió lo indefenso de una flor, los colmillos de un león, la memoria sin metáfora de un elefante y la “inteligencia” del inframundo. Los dioses asustados intentaron detenerla, ella en su inmenso capricho se negó; sin pensarlo continuó su obra. Finalmente, añadió el corazón de una madre, un escudo de acero que cubriría su piel, sus sentidos, el que sería su tesoro: su corazón. Isis sonrió, lo envió a un mundo que divaga entre verde y azul, a un mundo que lo destruye, que lo desarma, a un mundo que no se imagina que entre ellos habita un no-mortal, una especie de semidios-semimonstruo, que en cualquier instante podría morir, pero también que en un segundo podría devorar el mundo. Lo repito, no soy fácil, tal vez complejo, tal vez aún más que una diferencial de media noche. Un día si, un día no. Una noche quise, una mañana olvide. Un día me daré cuenta que la obra de Isis no ha sido más que un pecado, uno maravilloso, pero cruel, uno que amo, pero que duele, que me acerca y me aleja; uno que no podrías conocer, uno que tal vez odiarías, uno que busca con esmero una guarida tibia para su último suspiro…

lunes, 7 de febrero de 2011

SONRISA FÚNEBRE...


Esta noche no puedo más, el dolor es infinito, las nauseas se cruzan con el llanto en la garganta. Me ahogo con mi ego, vomito los restos de mi alma pura, me trago los suspiros, de rodillas contra el suelo intento de recuperar la razón. Hoy no puedo más, el cuerpo duele, el estomago amenaza, la perfección sangra, la soledad bellamente luce su vestido blanco en la esquina de la habitación; tan fuerte, tan llena de orgullo como la primera vez que la encontré en un callejón. Hoy quiero arrancar todo, destruir mis venas, desgarrar mis cabellos, sacar mis ojos, no quiero nada que duela, no quiero más humanidad, no quiero más de esto, no quiero más piel, no más huesos, no más lágrimas, no más soledad. No resisto ver en las mañanas sus cabellos rubios, en las tardes sus labios rojos, en las noches sus ojos de esmeralda que me miran con desdén, con el toque de la ceja perfecta que no es nada más que la burla a la posición fetal en la que se sumerge el cuerpo cuando la esperanza termina. Odio mis pulmones, malditos, no respiren más, descansen, permítanme descansar, quiero dormir, quiero un sueño eterno. Quiero una tumba donde mi cuerpo se pudra en la inmundicia de mi alma, quiero un refugio donde nadie observe mi último pecado, la muerte del niño que juega con sus perros cada tarde, el mismo niño que escribe agitado estas letras, el mismo niño que está tan oculto en este hombre, como se ocultan las estrellas del sol. No quiero manta, sólo quiero el frio de la noche, no te quiero a ti, no quiero a nadie, no quiero tu lastima, me conformo con la mía. Me condeno a mi mismo, como el dios supremo que soñé ser, como el humano que una noche de febrero decidió interrumpir el flujo de vida que corre por los caños de esta incipiente presencia. Hoy un humano que se rinde, mañana un alma que divaga, un suicidio simbólico que no necesita tumba, el hueco oscuro está cavado hace muchos años entre el esternón y la columna, para qué otra lapida, si tengo la perfecta, la sonrisa fúnebre tan amada y admirada, tan perfectamente diseñada, pero acércate detenidamente que seguramente la cabeza de un gusano escapará por la esquina de mis labios…

lunes, 31 de enero de 2011

"MI DELITO"...



La noche me atrapó en "mi delito", la luna me observó mientras releía de nuevo tu “voz”, las nubes azul oscuro, típicas de esta hora, no fueron suficientes para ocultar mi ansiedad, mis ganas, mi enloquecida vehemencia por verte de nuevo. Aquí estoy unas horas después, con el intento fallido de entender a Amorrortu, con un intento que se frustró por tu recuerdo, por esta silla que con esmero me llamó, por estas teclas que este día han sido más tuyas que mías. Ojalá estuvieras aquí, ojalá tu sabiduría matinal pudiera calmar la sequedad inmensa de mis mejillas, las infinitas preguntas que rondan los cuadernos de mi mente, las finas ecuaciones que trazo en cada una de mis frases. Ojalá estuvieras aquí para llevarme, para hacerme sonreír, para reír juntos en la noche, para vivir esta noche como un encuentro entre lo reservado de tu mirada y lo moribundo de mi alma, entre lo tierno de tu sonrisa y el metal que cubre mis hombros, metal que seguramente se derretiría con lo tibio de tus caricias. Hoy soy otro, soy como hace mucho tiempo no soy, soy un soñador, sueño contigo. Hoy soy un hombre, un inmortal, un mutante que robó tus poderes, un mutante que espera levantar sus alas en vuelo para llevarte ahora mismo a lo alto de una montaña, retirar tu máscara, retirar mis armas, retirar para unir, retirar para que te quedes, retirar para dejarte mi piel; mi cuerpo desnudo a tu merced. Las luces de los autos invaden mi ventana, la canción suena sin parar, no hay frio, no hay calor, pero estás tú, está tu imagen creada por mi diabólica intuición, tus brazos inventados atrapando mi espalda, susurrando en mi nunca al ritmo del teclado. La noche se hace amarilla en las luces de la farola sobre el asfalto, mi deseo se hace blanco, mi deseo se hace hombre, mi deseo se hace tan profundo que desear se hace imposible, que no desearte se hace utópico. Mañana caminaré despacio. No estoy seguro, pero creo que el sonido de los canarios recordaran tu nombre, en la tarde caminaré más lento, en la noche pararé un momento, esperaré, miraré hacia atrás buscando tu silueta, miraré una vez, miraré dos, miraré hacía el cielo con la esperanza última que al bajar la mirada un abrazo tuyo recoja los restos de mi ilusión

DISFRAZANDO UN BESO...



Tu culpa, si, tu culpa. He recibido un “golpe bajo”, una respuesta que no esperaba, unas letras que se escabulleron en la noche por entre mis pupilas, se apoderaron de mis pensamientos y robaron mi sueño. Anoche, estuve a punto de hacer el amor a tus palabras, me sentí ridículamente extrañado, “ridículamente” palabra que explica como unas frases tuyas me hicieron sentir amado, casi desee voltear la cara sobre mi hombro derecho, encontrar tu nariz, embriagarme en tu aroma, buscar ansioso tus labios, devorar tu boca en un jugueteo insaciable de mi lengua. Quise responder, pero los pensamientos bloquearon las manos, tus bellas consonantes secuestraron lo poco que quedaba de mi cordura. Lo intenté, intente dormir, cerré los ojos, pero no dejaba de imaginar una tarde escuchando tus palabras, no dejé de jugar con las imágenes de tu máscara, llegando a la fiesta de palacio, mientras este príncipe imperfecto toma tu mano para bailar la primera melodía, nuestro primer baile, donde tus palabras se hacen voz. Cómo te atreves a invadir mi día, no imaginas a mi cuerpo sentado a las cuatro de la mañana pensando en ti, fuiste mi primer pensamiento de hoy, mi primer deseo. Aquel hombre mencionaba el bello estilo freudiano, la equivocación al traducir “trieb” de Ballesteros, mientras mi mente se esforzaba en el intento por recordar cada letra, cada verso disfrazado, cada metáfora desnuda que indecentemente acariciaba mi pecho bajo la camisa. Qué hechizo has ejecutado, que mi cuello victoriano se desacomodo en medio de la clase, que mi cuidadoso peinado no importó a mi angustia, a la angustia de pensarte, a la angustia que me llevó a tomar mi cabeza con las manos, a riesgo de terminar con mi perfecto disfraz, pero con el propósito de detener tu “voz” en mi cabeza. Ahora mismo no dejo de pensar en ti, la música hoy te recuerda, las flores de mamá en la entrada esperan verte, quizá siempre te han esperado, te espero, este niño-hombre te espera. Ahora mismo, quiero más, quiero más de ti, quiero más de tus palabras, como un lacayo pido ser perdonado, excusado, pido ser bendecido con tu “voz”, quizá me des un poco más, tu voz. No lo dudes, estás más cerca de mí, que estas piernas de ti, no preguntes por mí, sorpréndeme, mírame fijamente una tarde inesperada en la distancia, sabré que eres tú, pregúntame, pregúntame mirando mis labios, que si puedo resistir te contestaré con palabras disfrazando un beso…

lunes, 17 de enero de 2011

A QUIÉN LE ESCRIBO, A TI..


Has negado tu rostro a mis ojos, a mi memoria, con un golpe certero me evitaste crearte, intuirte, eres la obra que salió del cuadro y asfixió la creatividad del artista. Me dejas con poco, con tus labios cubiertos de oscuridad, arropados en los sueños que no logró descifrar, con la nariz sin el toque de las estrellas, con una nariz que desearía tener recorriendo los contornos de mi cuerpo, lo inexplorado de mis piernas, lo fuerte de mi pecho, lo suave de mi lengua, lo tibio de mis manos. Tus palabras son halagadoras, pocos “humanos” tienen tu habilidad, la irreverencia, la ternura en la misma pócima, esa misma que un día dejaste en la entrada de esta casa. Tu olor guió mi inspiración hacia tu destino, descubrí en tus ojos la escafandra, el muro que no permite ver, en tus frases la fuerza, en tu saludo mi destino. A quién le escribo, a ti, aún lo dudas. Me inspiró la sencillez de tu cariño, las letras son caricias que llegan directamente lo más profundo del hombre, donde no existe piel, donde no existe nada que se revele; un espacio tan efímero como sublime, tan intimo como imperceptible, tan mío, ahora tan tuyo. Alguna vez te escribieron, es una pregunta, quizá sea esta la primera vez, quizá sea una de tantas, quizá sea una que no recordarás, una que olvidarás. Quédate un rato más en este lugar, déjame de tu pócima, deja un poco en la entrada, esta noche pasaré a recogerla. Juro que haré un pacto con un duende, que robaré el sombrero de una bruja, que seré lacayo de García Márquez, que haré mi mejor gala de Romeo, para mantenerte cada día aquí, para no dejarte ir, quédate, acaso puede doler que cada mañana te regale mis versos, acaso puedo dañarte con el roce de mis dedos, quizá te lastime con mis abrazos, quizá si un día te marchas tendrás millones de razones; seguramente, la más cierta, será que el océano de mi sentimiento está a punto de volar en pedazos lo limitado de tu corazón. Permíteme seducirte, permíteme saber que aquí estuviste, permítete saber que con una caricia te llevaste mi arte, te quedaste con lo más cauto de mi esquiva inspiración. A quién le escribo, a ti, aún lo dudas…

viernes, 14 de enero de 2011

SUPERHÉROE...

Quizá sea debilidad, pero tus palabras me arrastraron como una tormenta de antaño. No sé cómo pensaré mañana, en este instante, me perdí en tus caricaturas, en tu sonrisa, en la magia que baña los trozos rotos de tu corazón. No soy un buen arquitecto, quizá soy mejor en las letras, aunque puedo ser mucho mejor con la voz, eso dicen algunas mariposas en la telaraña. No soy discípulo de nadie, quizá de mi madre, pobre Freud si puede leerme, pero en mi mundo tan azul, tan sombrío, tan “galán”, el Edipo no es más que amar la flor que crece en el estiércol: mamá. No pretendo mucho, en realidad pocas veces pretendo, como lo he dicho tantas veces, aprendí a no esperar; como un apego ambivalente ahora decido retirarme, correr, escapar, huir antes de llorar. La “perfección” llegó a mi mesa, cobró la cuenta, se retiro, probé el más exquisito de los platos, me perdí, me creí, me obsesioné, morí; y dicen que los muertos no caminamos, diría que no sólo caminamos; también soñamos. Parece un capricho de Medusa, mi favorita, siempre aquí en silencio, con las seis de la tarde acogiéndome en su morada, mientras pretendo escribir, mientras recuerdo, mientras te escribo, mientras inútilmente intento calentar mis pies bajo el escritorio; desgraciadamente el frió del alma no lo calienta el sol. Por qué escribir, claramente no lo sé, tal vez tu misión como superhéroe era está, despertar como un verdadero guerrero, despertarme de mi sueño tan profundo, de mis pesadillas tan intimas, tan llenas de blanco, tan carentes de violeta. Por qué sonríes al leerme, por qué no sonríes a mis ojos, por qué mis letras me traicionan; se llevan tus pensamientos, tus sensaciones, tu sonrisa; cuando me encuentro aquí entre caricias con el teclado, con el “plan” de la noche, con la salida no tan súbita, con el anhelo de recibir un poco más de ti, tan natural, tan humano, tan tú. El tiempo ha cambiado, apuntan las siete de la noche, este es mi destino, escapar de este lugar, esperar que las luces de colores se lleven los recuerdos, se lleven el verso no dicho, la frase no mencionada, el corazón no usado…

lunes, 10 de enero de 2011

"PALPITANTE"...

A veces no encuentro razones para escribir, como si los vientos de la vida se lo hubiesen llevado todo. Poco queda de mis lágrimas, quizá nada de mis risas, tan ausente estoy del amor como el glacial del sol. Los inviernos congelaron mi inspiración, las nubes oscurecieron mis metáforas y el calor del verano secó lo poco que quedaba de mi cálida brisa. Los días pasan, atropellan, cada año son más agresivos, cada doce meses mi armadura se hace más fuerte. Mi antifaz de acero poco deja ver de lo sueños que surcan estos negros ojos, estas cejas que tupidas esperan atrapar un escarabajo desprevenido. En un día inadvertido encontré tus palabras, me encontré, encontré un niño en tus imágenes, me encontré, encontré un lugar amable donde ser, donde se puede ser, me encontré. Aquí me tienes, escribiendo, con una razón no clara, con la intención de un supuesto “agradecimiento”, en la espera de recibir un verso profundo, una frase no cotidiana, unas palabras de las que se avergonzaría Erich Fromm pero que harían tan feliz a Neruda, unas palabras que seguramente mi vecina entendería. Poco me gustan los disfraces, creo he cargado el mío demasiado tiempo, mis armas de guardián del Olimpo cada vez son más pesadas, cada vez son más estrechas, cada vez se clavan más en mi piel, cada vez soy menos dios y más Jesús crucificado. No esperaba un golpe bajo, “mar cálido, mar bravo, mar nuestro, mar salado…”, no esperaba una tarde, cuando el reloj apunta la seis, estar aquí, esperando el momento adecuado para dejar caer este “palpitante” pecho sobre tus manos, en busca de un tatuaje momentáneo, en busca de un algoritmo que solucione esta noche la sensación que oprime mis labios. “Palpitante”, palabra para recodar, palabra para tener presente sobre todo, cuando una vez se palpitó, sobre todo cuando una noche pensé dejar de palpitar, pensé morir, pensé dejar envejecer mis labios en el desierto de la soledad, en el vacío donde no se palpita, donde no se escribe, donde todo termina, donde sólo tú, sólo tú, tienes la pócima de la resurrección. “Puede ser que no lo veas, o tal vez que no lo creas, quién lo sabe Dios, que en el mundo del amor…”…

jueves, 12 de agosto de 2010

NO ES UN CAFÉ LO QUE QUIERO...


Sin pensar, sin soñar, sin meditar, aquí me tienes. Una vez más estas manos se deslizan sobre el negro teclado para escribir a tus ojos. Si, estabas en ese mismo sitio, con tu cabello largo, con las piernas colgando, con la mirada puesta sobre aquel muro donde te sentaste con sus cabellos ondulados, con esos mismos que ahora dices no existen. Recuerdo tus ojos dirigirse a su esquina favorita, buscando los recuerdos, recogiendo con las puntas de los dedos los restos de los recovecos que ahí quedaron. No preguntes cómo, pero lo supe, pude sentir tu cuerpo atónito en la noche, tus brazos aún más fríos al pasar por mi lado; tu rostro que esta vez denotaba una seriedad que no confundí con serenidad, un mutismo que me dejó en silencio, en la oscura perplejidad de donde me rescató la voz de aquella dama, y su frase tan aparentemente coherente, pero no suficiente para un alma vieja como la mía; que sin canas carga los recuerdos de la mañana donde Eva se hizo mujer bajo la fálica influencia de la mitológica costilla. No sé si las cosas han cambiado en tu villa, pero al menos tengo la seguridad de que aprendiste la lección, una enseñanza donde se afirma que las rosas no se transforman en aves y las aves no se transforman en rosas. Aprendiste que la intuición es importante, y aprendiste, quizá, que la soledad es una venda peligrosa, una venda que se adhiere al corazón, cubre los ojos, y nos hace actuar como animales ciegos. Tan ciegos que nos perdemos de las pupilas negras que nos miran, de esos labios que intentaron sonreír pero que se cegaron ante el paso nefasto y ágil de quien no quiere ver más allá del camino bajo sus pies. Si tú has cambiado, yo también. Hace algunos días, tal vez un mes, me rendí, fue un “no más” donde decidí colgar mi escudo y regalar al mejor postor la pluma de mis batallas. Decidí no esperar, no buscar, como un “pseudonarciso” frente al agua drogué mis sentidos y me dejé hundir, hundir; hasta morir. Me conozco, sé que no me gusta lo “común”, un café podría ser aburrido, suena a uno de tantos que he tomado, a uno de tantos que no recuerdo. Soy particular, como las mañanas de eclipse, complejo como los vientos de agosto. No soy uno más, ni espero serlo; ahora no, ya no. Estoy cansado, agotado, desconfiado, asustado, y como bien lo sabes un Tsunami sólo es provocado por un terremoto en las profundidades el océano. Al parecer nada sorprende, al parecer sólo esperaré hasta ser sorprendido. Este Tsunami estará dormido, no sé cuantos años, hasta un día, no sé cuando ni dónde, la tierra se sacuda como un volcán que levante mis olas, que forje un nuevo escudo y donde se esculpa una pluma eterna de acero…

miércoles, 19 de mayo de 2010

"Y ME VES JUGANDO A NO EXTRAÑARNOS"...


Sé que sigues aquí, te puedo sentir, sé que aún no te has marchado, gracias por recordarlo. A decir verdad lo había olvidado, olvide tu forma particular, tus frases cotidianas, los amaneceres intentado sentir tu aroma. Si, había olvidado, lo había intentado. En ocasiones, no sé la causa, pero tu cuerpo se acuesta a mi costado, oigo tu voz, siento tus piernas como un rio sin cause surcando mi torso. No dejan de sonar los platos en la cocina, el ruido del café cayendo sobre la taza, la sonrisa de tu hermana, los ojos gemelos que robé a tu sobrina o que quizá ella me robó una noche a mi, mientras me encontraba distraído contando los restos de arena de mar sobre tu cuerpo. Cuándo acariciarás lo perfecto de mi letra, lo perfecto de mi rostro, lo imperfecto de mi alma. Cuándo harás el amor este cuerpo tibio, a esta alma fría. Cuándo lamerás mi sonrisa, cuándo asfixiaras mis aires en tu aroma. Muchas horas han pasado, días, meses, años y sobre esto no hablamos más. Conversamos como si nada pasara, me ves, te veo, callas, me callo. Pregunto, respondes, escribes; no a mí, pero lo haces. Besas, porque lo sé, lo he sentido, mis labios convulsionan cuando los tuyos muerden la tentación, no dejas de caer, aunque siga mi recuerdo, no paras, detente ya. Sigo aquí, soñando, cantando, cabalgando sin parar los fines semana para evitar pensar, sumergido bajo el agua para intentar dormir, ignorándote para olvidar tu silencio, para borrar tu promesa. La distancia, no está haciendo su tarea, se ha escapado en nuestros descuidos, a escavado un profundo hueco donde almacena los momentos, miradas, palabras; un profundo abismo donde todo cabe, donde el tiempo no lo destruya. Dime lo qué sientes, dímelo una vez, dímelo dos; dime que sientes, que sientes algo, que sientes lo profundo de esta fosa que se agrieta sin parar entre los costados de mi turbio corazón, de mis frases adornadas, de mi anhelada vida…

martes, 18 de mayo de 2010

RECIBIR LO INESPERADO...


“¿pero qué hacer si sos una incógnita irresoluta?”. Esta vez tus palabras lograron un efecto un adverso, me detuve en el tiempo, me quedé mudo en los segundos, casi frenado en el silencio. Pretendí callar, pero algo me venció, y mírame aquí, de nuevo en la noche regando mis palabras en tu terreno desconocido, intuido, pero lejano. No es mi pretensión que buscarás mis ojos, mi aliento, mi cuerpo, en medio de tus días, pues aunque no lo creas, nuestros caminos se cruzaron como se cruzan en los eclipses el sol y la luna. No me busques ahí, pues ahí no estoy, no he estado. Insisto, no quiero jugar, lo repito, no es mi costumbre jugar de esta manera así que estoy seguro podría perder. Soy audaz en el agua, fuerte como David en tierra, pero un Goliat en tu mundo, este mismo, que al parecer es tan tuyo, tan tuyo, que hasta digno es de honores en su día. Mis palabras podrían convertirse un día cualquiera en dedos, manos y labios, ¿quisieran convertirse?, es probable, tal vez sólo por esta noche lo dude. No conozco tu voz, no he sentido tu piel; no has apretado mi mano, no he pasado mi nariz por los bordes de tu rostro, no has mirado mis cejas, no te has perdido en mi cabello, ni has sentido la fuerza de mis brazos. Cómo pretender leer el futuro, si me tienes aquí desnudo, con la piel “descargada” sobre la silla, el alma sobre el teclado, pero tú sigues aquí, reclamando el mismo traje que visto cada mañana. Dude en venir de nuevo, porque las estrellas son la mismas cada noche, porque la luna aún sonríe en mi vida, como hace 24 años, tal vez quisiera que la luna olvidara su mueca y simplemente me sorprendiera una mañana junto a mi cama, así como las estrellas en un oscuro inverno se dibujarán como barcos anaranjados en medio de la penumbra de lo incierto. Tal vez espero demasiado, debería no esperar o esperar sentado con los labios atados y las manos congeladas, evitando que el verso se escape por las puntas de mis dedos. A veces no encuentro sentido al sol amarillo, al pasto verde, que divertido sería un sol verde y un pasto amarillo, que bueno sería una tarde sin anunciarlo escuchar tu voz, recibir lo inesperado, encontrar bajo la almohada los restos que denuncian tu arte, tu color. Las incógnitas se resuelven, a menos que te rindas, en lo desconocido puedes encontrar la suerte de Colón o el aprendizaje de Eva. Esta noche me quedaré pensando, intentando reconstruirte, buscando explicación a tus frases. Esta noche seguiré desnudo, sólo pondré el traje a mi alma cuando el sol brille, cuando una vez más todo sea igual, tan igual, que no esperaré días de verdes soles…

domingo, 16 de mayo de 2010

INTUICIÓN AVENTURERA...


Hace pocos minutos desperté de mi segundo sueño, no pienses que amaneció para mi, sólo que mi día empezó muy temprano, y al caer la tarde Morfeo tocó mi hombro, sucumbiendo de nuevo a la tentación. Hoy es un día en particular hermoso, debería decir una tarde, en este preciso momento los rayos de sol atraviesan mi ventana para caer sobre los bordes de mis labios, sabias qué el sol besaba, al parecer si lo hace; junto a un beso tibio ahora te escribo. No pretendo decir que eres la emancipación del pensamiento filosófico, porque no te gusta oírlo pero si te gustará te lo diría aún sin haber escuchado tu voz. Recogiendo mis recuerdos, vuelvo a aquel día en el que paseabas tu sonrisa por las vías de la locomotora, estando ahí mi intuición aventurera, mi corazón impulsivo, mi razón perezosa, comenzaron a debatirse en duelo, justo cinco metros frente a tus ojos. Mi razón decidió dormir, mi corazón prefirió callar, ser un espectador silencioso de las coloridas silabas que empezarían a brotar de la intuición. La intuición, comenzó a deambular, por tus orejas, tus cejas, tu cabello, tus manos, se regocijaba entre tus zapatos e intentaba verte sonreír pero queda exhausta con tu continua expresión de espera. Recorrió tu cuerpo, tu esencia, intento entrar a tu mente, acarició tus pensamientos, pero ellos inseguros se perdieron en lo más profundo de tu inconsciente, dejando la conciencia, dejando a la pobre intuición con la mano estirada y la intención sobre la mesa. Sin embargo, la intuición se alimenta de mucho más que caricias, de postres en la mesa, y aún viendo tus pensamientos hundirse en aquel lago cristalino que al partir hace un oscuro mar, pudo captar algo de ti. La intuición volvió a mis sentidos, despertó al corazón que para ese momento había dormido a la orilla de la razón, los encontró en un pacto, en su primer pacto, tan callados, tan inocentes, como cachorros de león que duermen a luz del sol. Ellos despertaron, miraron mi intuición, esperando la respuesta, ella sonrió y les susurro, “puede ser lo que buscan, tiene mucho de ti “razón”, creo que tendrían tardes sin parar de hablar sobre tus teorías favoritas”, la razón te quedó mirando fijamente, fijamente a ti. Luego, comentó al corazón, “creo que gusta del verso como tú, creo que podría escribirte unos cuantos, o tú en una tarde de domingo le habrás escrito varios”. En ese momento quedé ahí, con el sincretismo en la mente, con tu recuerdo regado en el silencio, como quedo ahora, intentando dibujar una imagen que muestre tu morada, donde yace tu cuerpo…

viernes, 14 de mayo de 2010

MIRAME, LÉEME...


Así que supones que esto es un juego. ¿Quieres jugar? Bueno, acepto, pero no por ahora, prefiero los juegos al aire libre, quizá en el agua, una tarde sobre el pasto, una mañana en una montaña o una noche en el campo bajo las estrellas. Así me encantaría jugar, al menos podrías intentar vencerme, librarte de mis brazos, de mis palabras, del juego súbito de mis piernas, de la prisión de mi pecho, es un juego arduo, pero creo que lo haríamos muy bien, al parecer somos buenos jugadores, eso sí, prohibido hablar de Bourdieu, recompensa si mencionas a Freud. Me reconocerías, es posible, creo que en el mundo las personas nos estrellamos de manera constante, cada uno deja en nosotros una parte del polen de su esencia. Somos flores en un jardín, así no nos veamos, podemos reconocer el aroma del otro y siempre viviremos en el constante “deja vu” de haber vivido aquel momento. Dónde te encontré, la respuesta es fácil, dicen que lo que empieza por “c” puede ser una de las cosas o lugares más convencionales, debe ser porque “convencional” empieza por “c”, que argumento más obvio, a diferencia de letras como la “h” donde parece no existir, donde no suena, donde no es nada. Imagina su tristeza, su sentimiento de ser muda, de ser condenada al olvido. Afortunadamente la “c” y la “h” crean un sonido diferente, “ch”, y resignifican el mutismo de la segunda. Hay una letra que me gusta, la “e”, por ella empieza mi nombre, el mismo que un día mi madre escogió inspirada en la historia más bella, donde reyes y reinas debían vivir por siempre en un palacio, no es el típico cuento, pero a veces es bueno verlo tan típico como cuento. Menos mal encontrarte en aquel sitio donde la “ch” cobra significado y empieza la palabra, para terminar con la adulada “e”, fue todo menos típico, y aún menos cuento. Quién soy, pregunta difícil, tardaríamos varios años en resolver tal cuestión filosófica, si es que lo llegáramos a resolver, mejor esperamos un día utópico donde tomemos un café junto a Sócrates, Platón y Aristóteles, seguramente sólo ahí te respondería acertadamente. Acaso no puedes verme a través de las letras, acaso no podrías hacer mil deducciones, lees lo que el mundo que me rodea no sabe, sabes lo que la sonrisa perfecta oculta, conoces más allá de la piel, estás en la frontera donde los pasos no se dan sobre la arena, sino sobre el alma…

ENTRE EL SUEÑO Y LA REALIDAD...


5:18 p.m. El día tiene un brillo extraño, un matiz que pretende ser el juego sexual entre el sol y la luna, con algunas nubes blancas espiando por las comisuras del cielo. Una noche te vi, estabas ahí, ya sabes dónde, con la mirada gacha, con los pies inquietos, esperando, meditando, soñando. No te detuviste ante mi aparente magia, seguiste en tu mundo, con un silencio completo, con el viento susurrando a tu oído. En cambio, yo, tuve una pausa, un momento en el tiempo, algo me detuvo, algo me atrapó en medio tu “aparente” encanto, “aparente” porque lo sospeché, de la ternura que desplegaron tus manos, de los minutos que fueron pocos, de los segundos en los que caí en el letargo, hasta que una voz amiga, preguntó, “qué miras”, tan sólo dije, “nada, nada”. Algo sentí, luego te marchaste, te olvidé. Hasta una tarde de mayo cuando unas palabras detuvieron mi paso, en el lugar estaba tu imagen inerte, la composición en dos dimensiones de lo que eres, que en nada describe lo que sientes, que distante puede ser lo que somos de lo que transmitimos. Te reconocí, recordé, dejé algunas frases, me marché. Han pasado algunas horas, tal vez días, no lo sé. Ahora respondes, de nuevo esta sensación extraña, al igual que tú leo la primera vez, leo una segunda y hasta una tercera, soy de los que piensa que bajo la palabra duerme el sentido de lo que queremos en realidad decir y no decimos, bajo las olas siempre se encuentran las creaturas más asombrosas. Se me hace un poco difícil describir, lo que siento o percibo, la teoría psicológica en este caso no es de ayuda y no creo que Laswell o el viejo Martin Barbero tengan una teoría para esto, aunque apelo a la teoría gestáltica del cierre, diciendo que hubo una noche donde algo que habita en tu cuerpo, en tu mirada, a tu alrededor logró secuestrar unos segundos de mi vida, una parte de mis ojos, un pensamiento, que ahora es un recuerdo, que esta madrugada quizá sea un sueño. Eres una pregunta que no sé resolvió, o al menos una ecuación que en pocos segundos no pude descifrar, por ahora espero tu ayuda, dime el resultado, intentaré buscar el procedimiento, tal vez Baldor, quizá Newton, aunque prefería un juego de letras al mejor estilo de Márquez, con el titulo de Benedetti…

CUÉNTAME ALGO TAMBIÉN...


¿Quién dice qué te metes dónde no debes?, algunas veces es un placer hablar un poco de mí. Al estilo narciso de Piaget o la imagen frente al espejo de Lacan hay días, hay motivaciones que te llevan a contar, cómo, dónde y qué ven tus ojos. Realmente es la primera vez que me lo preguntan, a excepción de mi mismo. Todo comenzó como un juego, una forma de pasar unas vacaciones de invierno, pero se tornaron otoño, luego verano, hasta un punto donde cobraron vida propia, separándose algunas noches de mi alma, formando su propia estación y creando los lagos de letras que tú conoces. Cada palabra, cada frase, es como un sueño. A veces colorido, otros tantos teñidos de rojo y algunos con el sonido de pelotas que rebotan sin cesar, mientras un niño se pierde entre risas y manías. No soy más de lo que ves, o debería decir de lo que intuyes, porque como dicen por ahí, “la verdad es invisible a los ojos”, creo que algunos remplazan la palabra “verdad” por “belleza”, pero sin importar el cambio la frase sigue teniendo un verdadero sentido. Soy un ser humano de letras, la palabra me cautiva, una frase con sentido logra someter mi atención, arrestar mis sentidos. Aunque, en ocasiones soy un hombre de miradas, de miradas como el Pastor de Coelho que descubrió el amor en unos ojos oscuros, desconocidos, frente un pozo. Una mira profunda, inquieta, cargada de sentimiento y con los visos de la ternura multicolor, logrará mil cosas en mí, desde uno de mis versos y hasta una de mis noches recordando su estático cuerpo sobre aquel muro. No sé mucho de política, pero podría hablar de ello sin parar, sé de color, pero nunca he pintado más allá de las temperas, sé de nadar y a veces puedo hacerlo sin parar, esperando que en algún punto el agua desaparezca o me funda en ella. Hay personas que logran algo en mí, algunas con un simple gesto, otras con sólo mirarlas, pero realmente son muy pocas. Mi color favorito no es el verde, hace unos días empecé a verlo diferente, a notarlo, soy monocromático, prefiero el blanco y negro, como dice mi mamá el blanco combina con el cielo y el negro con mis ojos. ¿Alguna duda?, casi sonrió imaginando tu respuesta, visualizando el gesto. Como ves no es un problema escribir, por el contrario, es algo que disfruto. Sabes, me gustaría contarte algo más, pero cuéntame algo también…

jueves, 13 de mayo de 2010

PARA UN DESCONOCIDO SALTAMONTES...


Entonces la oruga se quedó atónita sobre la rama, levantó la mirada y ahí mismo estaba el saltamontes, tan extraño, tan verde, tan profundo, tan, pero tan, tanto como la primera vez. La oruga pretendió hipnotizarlo, mezcló una pizca de hoja seca con una gota de lluvia de viernes en la noche y la lanzó a las patas del saltamontes. El saltamontes la miró sorprendido, “que agresión, lanzarme barro sobre las patas”. Al no funcionar, la oruga se sintió apenada, se recostó bajo una hoja, y enterró su rosto en la grieta de una rama. El saltamontes sintió pena, tal vez pesar, se asomó con cautela, intentó encontrar el escondite de la oruga, pero de repente una luz brotaba de las hojas, una luz que se dibujaba entre amarilla y rosa, una luz que no le permitía ver más allá de la hoja. Saltamontes se sintió intrigado, volvió cada tarde a la misma rama, a la misma hora, esperando ver a la oruga pero conformándose con los minúsculos y extraños girasoles que empezaban a brotar de las luces amarillas. La oruga se hallaba en su escondite, no sabía que ocurría, se pensó muerta, se creyó torturada, en su mente estaban sólo las alas verdes del saltamontes, sus ojos tiernos y su gesto esquivo. Miro a su alrededor y se vio envuelta en una capa negra, en un manto oscuro. Oruga se resignó, comprendió que la muerte era sólo un ropaje lúgubre que cubría la piel como manto de invierno, oruga se acomodo a su condena, y en los besos imaginarios de saltamontes durmió un verano en pleno. Una tarde, como siempre, saltamontes volvió, esta vez se paró sobre uno de los girasoles, que cada día estaban más y más grandes. En un momento, la luz amarilla se hizo más fuerte, saltamontes se deslumbró con la belleza jamás vista, una hermosa silueta, con alas de ángel y brillo de luna. Oruga, que ahora era mariposa, se perdió de nuevo en la sonrisa de saltamontes, se dijo en su mente: “atravesé la muerte, un verano en pleno en aquel manto negro, pero ahora, en las puertas del cielo me reciben sus tonos verdes, su mano tibia, sus amables labios”. Cuenta la historia, que en la eternidad un saltamontes y una mariposa transitan en las noches por el bosque, saltamontes cree que la vida es una eternidad, mariposa cree que en la muerte se vive con quien se amó en la vida. Esas noches, los girasoles cantan, cuentan la historia, que termina cuando se relata que el puente entre la vida y la muerte no tiene color, no tiene forma, no tiene nada, sólo nosotros dos…

miércoles, 12 de mayo de 2010

VERDEAZUL...


Quién diría que repetiría, si aún recuerdo la noche cuando tu mirada distraída se encontraba sentada en aquel muro. Recuerdo tu inquietud, la mirada fugitiva, esa misma que prefería hundirse en la noche antes que en mis ojos. Tal vez efecto de la oscuridad, tal vez mi estrategia no fue la adecuada. Quién diría que la hallaría de nuevo una noche sin destino, por este mismo camino; como vez la escritura freudiana es mi fuerte, sin metáforas o sin artilugios no sería el mismo. Tal vez lo leas, quizá lo releas, pero sabrás qué eres tú, si alguna vez te ilusionaste mirando el mar, tal vez lo descubras. Quizá pude ver más en ti de lo que verían mil amigos en mil siglos, mirarte es ser arrollado por un huracán que se debate entre las caricias de Romeo y la ecuación de Einstein. Quizá el sueño que buscas, que crees no existe, este aquí, sentado con con el torso desnudo, escribiéndote estas letras, pensando en las noches que has robado, escapando a la brisa que ingresa por la puerta entreabierta, intentado recordar tus pequeños ojos, leyendo e indagando en tus pasiones, tal lejanas a las mías, tan verdes y las mías tan azules, pero tan obsesivas como las propias. Quizá una noche de sábado sucumbas a mi magia, durmiendo en mis brazos, bajo mi profundo encanto, bajo la ciencia que duerme bajo mi cabello y la poesía que hace verano sobre mi lengua. Hoy descubrí que la punta de tu gusto se estrella sin intención con lo más claro de mi alma, tu búsqueda atravesó la razón, se tropezó con una parte de mi, se encontró con mi punto más sublime, con el tema que prefiero, con el arte que prodigo. Entre tanto “tal vez” y “quizá”, sea esta la razón que impulsa mi intención. ¿No lo entiendes?, lo imagine, no sabes qué te hablo a ti, lo sospeche; aunque quizá me sorprendas, así como el verde se transforma en arco iris o la semilla se hace verde…