Así que supones que esto es un juego. ¿Quieres jugar? Bueno, acepto, pero no por ahora, prefiero los juegos al aire libre, quizá en el agua, una tarde sobre el pasto, una mañana en una montaña o una noche en el campo bajo las estrellas. Así me encantaría jugar, al menos podrías intentar vencerme, librarte de mis brazos, de mis palabras, del juego súbito de mis piernas, de la prisión de mi pecho, es un juego arduo, pero creo que lo haríamos muy bien, al parecer somos buenos jugadores, eso sí, prohibido hablar de Bourdieu, recompensa si mencionas a Freud. Me reconocerías, es posible, creo que en el mundo las personas nos estrellamos de manera constante, cada uno deja en nosotros una parte del polen de su esencia. Somos flores en un jardín, así no nos veamos, podemos reconocer el aroma del otro y siempre viviremos en el constante “deja vu” de haber vivido aquel momento. Dónde te encontré, la respuesta es fácil, dicen que lo que empieza por “c” puede ser una de las cosas o lugares más convencionales, debe ser porque “convencional” empieza por “c”, que argumento más obvio, a diferencia de letras como la “h” donde parece no existir, donde no suena, donde no es nada. Imagina su tristeza, su sentimiento de ser muda, de ser condenada al olvido. Afortunadamente la “c” y la “h” crean un sonido diferente, “ch”, y resignifican el mutismo de la segunda. Hay una letra que me gusta, la “e”, por ella empieza mi nombre, el mismo que un día mi madre escogió inspirada en la historia más bella, donde reyes y reinas debían vivir por siempre en un palacio, no es el típico cuento, pero a veces es bueno verlo tan típico como cuento. Menos mal encontrarte en aquel sitio donde la “ch” cobra significado y empieza la palabra, para terminar con la adulada “e”, fue todo menos típico, y aún menos cuento. Quién soy, pregunta difícil, tardaríamos varios años en resolver tal cuestión filosófica, si es que lo llegáramos a resolver, mejor esperamos un día utópico donde tomemos un café junto a Sócrates, Platón y Aristóteles, seguramente sólo ahí te respondería acertadamente. Acaso no puedes verme a través de las letras, acaso no podrías hacer mil deducciones, lees lo que el mundo que me rodea no sabe, sabes lo que la sonrisa perfecta oculta, conoces más allá de la piel, estás en la frontera donde los pasos no se dan sobre la arena, sino sobre el alma…
viernes, 14 de mayo de 2010
MIRAME, LÉEME...
ENTRE EL SUEÑO Y LA REALIDAD...
5:18 p.m. El día tiene un brillo extraño, un matiz que pretende ser el juego sexual entre el sol y la luna, con algunas nubes blancas espiando por las comisuras del cielo. Una noche te vi, estabas ahí, ya sabes dónde, con la mirada gacha, con los pies inquietos, esperando, meditando, soñando. No te detuviste ante mi aparente magia, seguiste en tu mundo, con un silencio completo, con el viento susurrando a tu oído. En cambio, yo, tuve una pausa, un momento en el tiempo, algo me detuvo, algo me atrapó en medio tu “aparente” encanto, “aparente” porque lo sospeché, de la ternura que desplegaron tus manos, de los minutos que fueron pocos, de los segundos en los que caí en el letargo, hasta que una voz amiga, preguntó, “qué miras”, tan sólo dije, “nada, nada”. Algo sentí, luego te marchaste, te olvidé. Hasta una tarde de mayo cuando unas palabras detuvieron mi paso, en el lugar estaba tu imagen inerte, la composición en dos dimensiones de lo que eres, que en nada describe lo que sientes, que distante puede ser lo que somos de lo que transmitimos. Te reconocí, recordé, dejé algunas frases, me marché. Han pasado algunas horas, tal vez días, no lo sé. Ahora respondes, de nuevo esta sensación extraña, al igual que tú leo la primera vez, leo una segunda y hasta una tercera, soy de los que piensa que bajo la palabra duerme el sentido de lo que queremos en realidad decir y no decimos, bajo las olas siempre se encuentran las creaturas más asombrosas. Se me hace un poco difícil describir, lo que siento o percibo, la teoría psicológica en este caso no es de ayuda y no creo que Laswell o el viejo Martin Barbero tengan una teoría para esto, aunque apelo a la teoría gestáltica del cierre, diciendo que hubo una noche donde algo que habita en tu cuerpo, en tu mirada, a tu alrededor logró secuestrar unos segundos de mi vida, una parte de mis ojos, un pensamiento, que ahora es un recuerdo, que esta madrugada quizá sea un sueño. Eres una pregunta que no sé resolvió, o al menos una ecuación que en pocos segundos no pude descifrar, por ahora espero tu ayuda, dime el resultado, intentaré buscar el procedimiento, tal vez Baldor, quizá Newton, aunque prefería un juego de letras al mejor estilo de Márquez, con el titulo de Benedetti…
CUÉNTAME ALGO TAMBIÉN...
¿Quién dice qué te metes dónde no debes?, algunas veces es un placer hablar un poco de mí. Al estilo narciso de Piaget o la imagen frente al espejo de Lacan hay días, hay motivaciones que te llevan a contar, cómo, dónde y qué ven tus ojos. Realmente es la primera vez que me lo preguntan, a excepción de mi mismo. Todo comenzó como un juego, una forma de pasar unas vacaciones de invierno, pero se tornaron otoño, luego verano, hasta un punto donde cobraron vida propia, separándose algunas noches de mi alma, formando su propia estación y creando los lagos de letras que tú conoces. Cada palabra, cada frase, es como un sueño. A veces colorido, otros tantos teñidos de rojo y algunos con el sonido de pelotas que rebotan sin cesar, mientras un niño se pierde entre risas y manías. No soy más de lo que ves, o debería decir de lo que intuyes, porque como dicen por ahí, “la verdad es invisible a los ojos”, creo que algunos remplazan la palabra “verdad” por “belleza”, pero sin importar el cambio la frase sigue teniendo un verdadero sentido. Soy un ser humano de letras, la palabra me cautiva, una frase con sentido logra someter mi atención, arrestar mis sentidos. Aunque, en ocasiones soy un hombre de miradas, de miradas como el Pastor de Coelho que descubrió el amor en unos ojos oscuros, desconocidos, frente un pozo. Una mira profunda, inquieta, cargada de sentimiento y con los visos de la ternura multicolor, logrará mil cosas en mí, desde uno de mis versos y hasta una de mis noches recordando su estático cuerpo sobre aquel muro. No sé mucho de política, pero podría hablar de ello sin parar, sé de color, pero nunca he pintado más allá de las temperas, sé de nadar y a veces puedo hacerlo sin parar, esperando que en algún punto el agua desaparezca o me funda en ella. Hay personas que logran algo en mí, algunas con un simple gesto, otras con sólo mirarlas, pero realmente son muy pocas. Mi color favorito no es el verde, hace unos días empecé a verlo diferente, a notarlo, soy monocromático, prefiero el blanco y negro, como dice mi mamá el blanco combina con el cielo y el negro con mis ojos. ¿Alguna duda?, casi sonrió imaginando tu respuesta, visualizando el gesto. Como ves no es un problema escribir, por el contrario, es algo que disfruto. Sabes, me gustaría contarte algo más, pero cuéntame algo también…
jueves, 13 de mayo de 2010
PARA UN DESCONOCIDO SALTAMONTES...
Entonces la oruga se quedó atónita sobre la rama, levantó la mirada y ahí mismo estaba el saltamontes, tan extraño, tan verde, tan profundo, tan, pero tan, tanto como la primera vez. La oruga pretendió hipnotizarlo, mezcló una pizca de hoja seca con una gota de lluvia de viernes en la noche y la lanzó a las patas del saltamontes. El saltamontes la miró sorprendido, “que agresión, lanzarme barro sobre las patas”. Al no funcionar, la oruga se sintió apenada, se recostó bajo una hoja, y enterró su rosto en la grieta de una rama. El saltamontes sintió pena, tal vez pesar, se asomó con cautela, intentó encontrar el escondite de la oruga, pero de repente una luz brotaba de las hojas, una luz que se dibujaba entre amarilla y rosa, una luz que no le permitía ver más allá de la hoja. Saltamontes se sintió intrigado, volvió cada tarde a la misma rama, a la misma hora, esperando ver a la oruga pero conformándose con los minúsculos y extraños girasoles que empezaban a brotar de las luces amarillas. La oruga se hallaba en su escondite, no sabía que ocurría, se pensó muerta, se creyó torturada, en su mente estaban sólo las alas verdes del saltamontes, sus ojos tiernos y su gesto esquivo. Miro a su alrededor y se vio envuelta en una capa negra, en un manto oscuro. Oruga se resignó, comprendió que la muerte era sólo un ropaje lúgubre que cubría la piel como manto de invierno, oruga se acomodo a su condena, y en los besos imaginarios de saltamontes durmió un verano en pleno. Una tarde, como siempre, saltamontes volvió, esta vez se paró sobre uno de los girasoles, que cada día estaban más y más grandes. En un momento, la luz amarilla se hizo más fuerte, saltamontes se deslumbró con la belleza jamás vista, una hermosa silueta, con alas de ángel y brillo de luna. Oruga, que ahora era mariposa, se perdió de nuevo en la sonrisa de saltamontes, se dijo en su mente: “atravesé la muerte, un verano en pleno en aquel manto negro, pero ahora, en las puertas del cielo me reciben sus tonos verdes, su mano tibia, sus amables labios”. Cuenta la historia, que en la eternidad un saltamontes y una mariposa transitan en las noches por el bosque, saltamontes cree que la vida es una eternidad, mariposa cree que en la muerte se vive con quien se amó en la vida. Esas noches, los girasoles cantan, cuentan la historia, que termina cuando se relata que el puente entre la vida y la muerte no tiene color, no tiene forma, no tiene nada, sólo nosotros dos…
miércoles, 12 de mayo de 2010
VERDEAZUL...
Quién diría que repetiría, si aún recuerdo la noche cuando tu mirada distraída se encontraba sentada en aquel muro. Recuerdo tu inquietud, la mirada fugitiva, esa misma que prefería hundirse en la noche antes que en mis ojos. Tal vez efecto de la oscuridad, tal vez mi estrategia no fue la adecuada. Quién diría que la hallaría de nuevo una noche sin destino, por este mismo camino; como vez la escritura freudiana es mi fuerte, sin metáforas o sin artilugios no sería el mismo. Tal vez lo leas, quizá lo releas, pero sabrás qué eres tú, si alguna vez te ilusionaste mirando el mar, tal vez lo descubras. Quizá pude ver más en ti de lo que verían mil amigos en mil siglos, mirarte es ser arrollado por un huracán que se debate entre las caricias de Romeo y la ecuación de Einstein. Quizá el sueño que buscas, que crees no existe, este aquí, sentado con con el torso desnudo, escribiéndote estas letras, pensando en las noches que has robado, escapando a la brisa que ingresa por la puerta entreabierta, intentado recordar tus pequeños ojos, leyendo e indagando en tus pasiones, tal lejanas a las mías, tan verdes y las mías tan azules, pero tan obsesivas como las propias. Quizá una noche de sábado sucumbas a mi magia, durmiendo en mis brazos, bajo mi profundo encanto, bajo la ciencia que duerme bajo mi cabello y la poesía que hace verano sobre mi lengua. Hoy descubrí que la punta de tu gusto se estrella sin intención con lo más claro de mi alma, tu búsqueda atravesó la razón, se tropezó con una parte de mi, se encontró con mi punto más sublime, con el tema que prefiero, con el arte que prodigo. Entre tanto “tal vez” y “quizá”, sea esta la razón que impulsa mi intención. ¿No lo entiendes?, lo imagine, no sabes qué te hablo a ti, lo sospeche; aunque quizá me sorprendas, así como el verde se transforma en arco iris o la semilla se hace verde…
sábado, 10 de abril de 2010
DESAHUCIADO...
Infinitamente triste. Desahuciado, con un cáncer en el alma, con un sentimiento que se tornó como un todo poderoso al que no puedo combatir. Esta noche mi alma muere. El dolor es profundo en medio del pecho, mis manos tiemblan, mi cabello luce húmedo por la lluvia, mis ojos se cristalizan en los reflejos de esta pantalla. Me quedó maldiciendo mi vida, maldiciendo mi destino, ¡maldita la hora en la que nací!, ¡maldita vida que me ganó la batalla!, por qué, por qué, qué hice, qué no hice, qué me faltó. El vomito ahoga mis labios mientras mi mirada se funde con los ríos tormentosos que escavan lo que queda de mi fraudulenta existencia. Por qué tuve que aprender de Dios, por qué mi madre se esmeró en enseñarme, sin Dios y sin ella este infierno terminaría en pocas minutos, sin ellos, sin piedad, destruirá las venas que surcan mi cuerpo, que vibran al ritmo de la mierda que corre por ellas, de la mierda que soy, de la porquería que se cree elegido cuando es indigno de ser lamido por las ratas, cómo un mortal, cómo un ángel podría llegar a esta morada, si la putrefacción se siente en el horizonte, si la mierda es lo que todos odian. Ahora el pequeño estúpido, debería morir, debería quedar aquí, sepultado en lo profundo del infierno, solo, solo como siempre, revolcándose como un cerdo en su vomito, amando la soledad disfraza de muerte. ¡Mátame!, acaba con este cuerpo, que la muerte no puede ser peor que esta maldición…
viernes, 2 de abril de 2010
SÓLO UN BESO...
Sus labios se pusieron áridos, serpientes cascabel trepaban por los cactus que empezaban a crecer. Su boca se notaba quebradiza, carecía de brillo, vida, de una pizca de humedecido afecto. La falta de cariño, la cercanía de un beso, habían transformado sus labios de tono rosa en las ásperas tierras que ocultan la lámpara del genio. Tenía sed, sentía que moría en las ansias de besar como un león, de devorar como un dragón unos labios perdidos que se estrellasen con los suyos. Se hacía el amor así mismo, pensaba que era soledad, tal vez cosa de Dios, entonces, intentando cambiar su suerte salió una noche, dispuesto a cazar, cual bestia hambrienta deambula por el bosque. La oscuridad era intensa, pero notaba como sonrían a su mirada, como unos cuantos aldeanos cansados de vivir coqueteaban para ser devorados, no quería cuerpos desnudos, sólo quería un beso, quería fingir que un ser extraño encontraba el amor. Los cuerpos se acercaron al suyo, alagaron sus ojos de mago, su mirada hechicera, sus dientes perfectos, su cuerpo esculpido en la batalla, pero algo raro sucedió, la sed no fue tan profunda, la bestia no besaría a cualquiera. La bestia comprendió que no se trataba de soledad, comprendió que era una elección. No quería saciar su sed con los vagabundos que deambulan por las calles, buscaba algo más, esperaba el beso de un mutante, de ojos como el mar, de piel azul como cielo de mañana, de palabras mágicas que hacen crecer hadas y lotos en las curvaturas del oído. Comprendió que no bebería de cualquier fuente, comprendió que su destino era esperar hasta beber de aquel lago que nace de la brisa de las rosas gélidas que habitan el cielo. Decidió esperar, se sentó en la entrada de su cueva, sus labios sangraban, mientras esperaban el beso que rompiera la dureza del verano que se ensañaba con su alma…