La misma situación. Una gestalt maldita que no logro controlar. Unos sentimientos que emanan sin destino, que vuelan enloquecidos entre mis holgadas prendas. Cuando los ángeles duermen los demonios hacen fiesta en los jardines del edén, eso decía mi abuela, una mujer que nunca imaginó que ángel y demonio son la misma cosa, como en una competencia de relevo se pasan la vara para turnarse entre ellos. La espiritualidad tiene límites y los límites son la ambición. En noches de abril los ángeles se quitan sus ojos azules, sus blancas alas, sus risos dorados, sus mantos blancos, dejando a la luz de la luna cabellos negros como las colas de un semental, las alas robadas a un murciélago, sus ojos profundos como el océano; impregnados de la oscuridad de la muerte y su traje purpura que combina con la estrella de cinco puntas que cuelga sobre su pecho. El ángel y el demonio viven juntos, brindan en las tardes, se burlan en mi cara, juegan con mis pensamientos, con mis sentimientos, para decidir cuál será el afortunado en poseer mi cuerpo. Ellos se divierten mientras mi piel en llamas hace el amor con la bondad, y tiene sexo brutal con los diamantes negros que caen sin cesar sobre mis sábanas tendidas. El ángel no amará sin medida por bondad, al igual que el demonio no prestará sus exclusivos servicios por unos cuantos diamantes negros. Ellos tomaron una decisión, se dieron la mano, tiempo de tregua, tiempo donde el ángel durmió mientras el demonio sumergió su cuerpo en azufre hirviendo. Hoy, el demonio sonríe feliz, mientras el ángel sepultado en las profundidades del infierno freudiano busca, si en sueño o en chiste, dejar salir un nuevo suspiro de bondad…martes, 30 de marzo de 2010
SUSPIRO DE BONDAD...
La misma situación. Una gestalt maldita que no logro controlar. Unos sentimientos que emanan sin destino, que vuelan enloquecidos entre mis holgadas prendas. Cuando los ángeles duermen los demonios hacen fiesta en los jardines del edén, eso decía mi abuela, una mujer que nunca imaginó que ángel y demonio son la misma cosa, como en una competencia de relevo se pasan la vara para turnarse entre ellos. La espiritualidad tiene límites y los límites son la ambición. En noches de abril los ángeles se quitan sus ojos azules, sus blancas alas, sus risos dorados, sus mantos blancos, dejando a la luz de la luna cabellos negros como las colas de un semental, las alas robadas a un murciélago, sus ojos profundos como el océano; impregnados de la oscuridad de la muerte y su traje purpura que combina con la estrella de cinco puntas que cuelga sobre su pecho. El ángel y el demonio viven juntos, brindan en las tardes, se burlan en mi cara, juegan con mis pensamientos, con mis sentimientos, para decidir cuál será el afortunado en poseer mi cuerpo. Ellos se divierten mientras mi piel en llamas hace el amor con la bondad, y tiene sexo brutal con los diamantes negros que caen sin cesar sobre mis sábanas tendidas. El ángel no amará sin medida por bondad, al igual que el demonio no prestará sus exclusivos servicios por unos cuantos diamantes negros. Ellos tomaron una decisión, se dieron la mano, tiempo de tregua, tiempo donde el ángel durmió mientras el demonio sumergió su cuerpo en azufre hirviendo. Hoy, el demonio sonríe feliz, mientras el ángel sepultado en las profundidades del infierno freudiano busca, si en sueño o en chiste, dejar salir un nuevo suspiro de bondad…lunes, 29 de marzo de 2010
LA PRUEBA...
Entonces él estaba ahí sintiéndose examinado, como en un parcial entre sensación y percepción, la pregunta no cuestionaba su percepción de la realidad indagaba en su sensación. No sabia que sentía, no sabia si aún sentía, los días pasaban desde aquella última vez que sintió su corazón cabalgar sobre sus costillas. Se preguntó entonces qué puedo sentir, la verdad no lo supo, tal vez inquietud, quizá ansiedad por conocer los ojos claros que pudo intuir a través de unas pocas palabras. No intentó averiguar mucho, pues no esperaba nada de nadie, la vida le enseñó a no depender, la vida le mostró una tarde que lo mejor era descansar sobre las aguas del destino sin pretender guiar su cause, simplemente comprendió que “Dios no juega a los dados”, que las aguas son impulsadas por un flujo divino que contiene la sabiduría del universo. Seguía sin saber qué responder, pero absorto con la cualidad de su cuestionante, pues nunca imaginó una noche que Nostradamus no pudo predecir; una noche donde Castel dedicará versos a Benedetti, y este en su mutismo pretendiera responder. Los minutos pasan, la prueba se termina, el papel continúa blanco. No podía sentir, pensaba y percibía, percibía que quizá esos ojos claros eran como todos, brillaban por momentos y se apagaban con los días: como faroles que prenden y apagan, pero quizá son como luceros que aunque no brillan en el día siempre siguen ahí. Se decidió por responder, se arriesgó a cometer un imprudente plagio, y simplemente contestó lo siguiente en su prueba de sensación, esperando impaciente su calificación: “Vamos, invíteme a conocerle. Pero no me diga que piensa, dígame sin pensar, qué siente. Vamos, invíteme a conocerle. Sonría, sonría simplemente...”domingo, 1 de noviembre de 2009
UNA DEDICACIÓN...
Y viendo tus palabras no me sorprende. Hay una magia especial que baña como ríos las comisuras de tus labios y se desliza hasta el borde de tus pies. No es necesario mirarte de frente, o al menos no lo fue para mi, sin importar las fronteras que apartan tu caminar de mis caminos, sin tener en cuenta los mares que abren abismos entre tu piel y mis manos; una noche en la distancia pude sentir algo especial, quizá lo cauto de tus silabas, tu caminar pausado, tu vista que baja hasta el piso buscando algo que no encuentras, tus sonrisas que de alguna forma, en las imágenes inertes no logre entender, no entiendo la aparente felicidad, la felicidad que enmascara tu corazón sobrio, la poesía que cuenta los segundos para estallar en tu pecho. Pero ahora es un poco más claro, por alguna razón desconocida el amor por nuestras madres, nos baña de una magia casi celestial, es como un regalo de la Virgen María, como un ramillete de rosas que sale de sus manos y en el camino se transforman en azules mariposas y amarillos colibríes, quizá es esa tu magia, quizá es ese el hechizo causas, que me causas, algo para nada mortal, un don divino que sólo baja del cielo cuando se ama de verdad, cuando dices “te amo mamá”. Sólo por este día pensemos en Coelho, y busquemos el destino del alquimista, encontrar nuestra alma gemela junto a un pozo, o en lugar que menos esperas. Como dice el maestro, hay una alma gemela para cada persona, hay alguien que te espera en algún lugar del mundo, y cuando esos ojos se crucen, el cielo, los mares y los desiertos se detendrán, porque el universo siempre celebra el encuentro del amor verdadero, ese mismo que habita en los ojos negros que te esperan, que te sueñan, que se esconden en un lugar del universo, pero que están ahí, ten la certeza que siguen ahí, simplemente esperando…
sábado, 9 de mayo de 2009
LÉELO ES PARA TI...
Si, léelo es para ti. No te sorprendas. Cuántas veces te han escrito, imagino que pocas, lo sugiero por tus frases resquebrajadas, las cicatrices que se marcan en tu camiseta roja, en el disgusto al mirar al espejo, y no ver lo que los demás quieren ver; una armadura de acero perfecta a la vista pero carente de vida, ajena de Dios. A mí me encanta tu reflejo, la imagen estática que de ti conozco, tu mueca imperfecta para el mundo, pero una constelación de estrellas que dibujan un escorpión ante mis ojos negros, porque si, son negros, aunque no creas los ojos negros existen, no existirán para ti hasta el día que veas el par de joyas que hoy mueren por conocer tu piel desnuda. Soy como el viento, simple y encantador, pero peligroso como el hijo de medusa, tentador como la fruta prohibida, y si por un descuido me miras más de dos segundos caerás en el hechizo mortal, sólo tienes tres minutos para escapar, si he llegado a pronunciar palabra ya no habrá forma de salir de este lugar. En cinco minutos no tendrás conciencia, te enamorarás y sólo te espera un destino: la felicidad. No necesito verte cara a cara para escribirte, para sentirte, en el aire hay partículas de tu aroma, y de manera mágica puedo conocerte “desde el pelo hasta la punta de los pies”. Mirando la luna encontré tu espíritu brincando entre flores, y cantando sobre una roca una canción a tu madre, mientras las aves danzaban con las mariposas, y en tus pies los conejos se arrullaban sobre las colas de los gatos que yacían junto a los perros dorados. Te escuche atentamente, sonreí, aún sonrió. Recuerdas lo qué cantabas, si no es así y quieres saberlo, tendrás que acordar una cita en una noche de invierno, mandar una señal previa con la lluvia, para que en dicho encuentro, luego de perdernos en un mundo de fantasía, donde las naranjas no sean mecánicas, te cante al oído tu melodía, en ese mismo instante que mis labios toquen suavemente tu oreja, mi lengua trace el contorno de una esquina y el vapor que acompaña mi voz erice tu piel. Estaré esperando, mirando al cielo, contando cada gota y preguntando por tu mensaje. No tardes, de ti depende que la historia de García Márquez sea una utopía. El cielo oscurece ahora mismo, anuncia la caída de una brisa mensajera, estaré esperando en las escaleras del paraíso mientras María termina sus trenzas… léelo de nuevo es para ti, léelo mil veces…domingo, 19 de abril de 2009
LEÓN: CORAZÓN DE JABALÍ...
En un lugar muy lejano del universo nació una nueva especie de animales hace tres millones de años. Son como nosotros, piensan, sienten, hablan y creen tener un espíritu que algún día ascenderá a los cielos. Este mundo es conocido, como la tierra de “Sasha”, donde al igual que en nuestros pastos los supremos gobernantes son los leones, conocidos por su fuerza, la sedosidad de sus melas, los pelajes que se comparan con el oro, sus poderosas armas, colmillos y garras, y en especial porque en la tierra de “Sasha” a ellos les fue concedido lo que nosotros conocemos como dinero, un bien que permite comprarlo todo, bueno, así pensaron ellos. En este universo, a diferencia de los leones, y de muchas especies de animales, habitaban los que eran considerados los más despreciables, los “jabalíes”. Estos eran odiados por su apariencia regordeta, porque pasaban sus ratos libres revolcándose en lodo, pues era el destino de los que no tenían el preciado bien, dinero. Los jabalíes eran trabajadores, pasaban largas horas buscando alimento entre la hierba y cavando amplios túneles con sus colmillos, eso si, siempre rodeados de moscas, pero felices en su mundo tranquilo. Las manadas de leones los miraban con desden desde la cima, se reían de su apariencia, y sentían orgullo del poder.En las manadas de leones, había una especial, la más conocida, la manada de “Chor”, un nombre heredado por sus ancestros, ellos tenían un rey, una reina y dos príncipes. El príncipe mayor era llamado “Ram”, conocido por su peculiar belleza e inteligencia, Ram tenía unos ojos profundos, un regalo maravilloso, miles de veces, desde su nacimiento, se dijo que tenían el don de hechizar e hipnotizar. Ram era considerado sabio, conocía los principios de casi todas ciencias y los campos, estudiaba en la cúspide, donde sólo llegaban aquellos que eran príncipes, cerca de las nubes protegido por columnas en mármol, marfil y piedras preciosas. Las otras manadas envidiaban y sentían miedo de este príncipe, que soberbia mostraba siempre al caminar por las montañas. El hermano menor de Ram, se llamó “Clo”, Clo fue sencillo, no tenía la belleza particular de su hermano, la sabiduría, ni el hambre de conocimiento que caracterizó a Ram. Clo se preocupaba por vivir su presente sin importar nada más, vivía feliz, sin preocuparse porque Ram fuese más alto y “digno” que él a los ojos de los demás.
Así mismo, entre los jabalíes había un grupo conocido, los “Bala”, entre ellos, habitaba un joven jabalí, llamado “Pum” de apariencia común, un poco más pequeño que el resto, pequeño en tamaño, porque en edad, estaba al igual que el príncipe Ram. Pum se caracterizaba por su sonrisa, siempre sonriente, dispuesto a servir, con un caminado torpe y a la vez gracioso. Pum, se esforzaba por aprender, pero a diferencia de Ram el debía pasar largos días excavando y alimentándose, ayudando a sus padres a sobrevivir, entre tanto, se turnaba pequeños momentos para aprender en la escuela local, quizá la más pobre, donde iban todos los animales del pantano.
Un día inesperado la luna brillo más y las estrellas se acercaron a dos kilómetros de la tierra de “Sasha”. Un relámpago cayó, y una luz como el arcoiris descansó sobre el pantano de los jabalíes. Los leones sintieron felicidad, tal vez Dios, decidió acabar con aquella raza que en ocasiones era tan molesta, pero muy equivocados estaban. Dios había mandado un regalo a Pum, pronto se vio a Pum andando junto a la más bella de las aves, blanca como el algodón, ojos negros como el ébano, voz de ángel, aroma de rosas, plumas con tocado de diamantes, y una ternura que conmovía al corazón más duro, una ternura que se transformó en amor, entre Pum el jabalí y aquella celestial ave.
Una tarde Ram, el príncipe león, observó a Pum desde las alturas, Ram sintió envida, dejó su tierra, y por primera vez saludo a Pum, mientras miraba sonriente al ave celestial, mientras clavaba sus ojos y buscaba que el hechizo no fallará. El ave con un gesto amable rodeó con sus alas a Pum y le dio un beso. Ram sintió soberbia, y decidió combinar su mirada con su retórica, moviendo su melena, hacía alarde de sus conocimientos, de sus estudios en la escuela de príncipes, de la sangre real que corría por sus venas. Pero el ave, parecía ciega y sorda.
Ram cerró sus ojos, lo comprendió, Ram se dio por vencido, estaba triste, melancólico, qué podía tener Pum que él no tuviera, qué tesoro había encontrado el ave en Pum, del qué Ram carecía. Ram se marchó con lágrimas en los ojos, subiendo de nuevo a la montaña. La tristeza enfermó al joven príncipe, sus días pasaban mientras se dejaba morir sobre mantas de seda. La reina triste, al ver a su hijo, le recordó a Dios, al mismo que nosotros conocemos, ese que mandó a su hijo Jesús a morir por nosotros y que nació del vientre de una virgen. La reina oraba por Ram, y le enseñaba el valor de la fe, para salir de su estado moribundo, el príncipe llevaba un año arropado en su belleza y sabiduría, pero muriendo, con los buitres mirándolo desde arriba para sellar su condena. Ram no se dio por vencido esta vez, un día pensó en Dios, lo quiso sentir, conocer, ahora no sólo para sanar la enfermedad que su melancolía había dejado en su cuerpo. Ram pidió a Dios cada noche que lo sanará, pero también suplicó que en su corazón fuese más parecido a un jabalí que a un león, para que un día no muy lejano, un ave de plumaje blanco bajara del cielo y le permitiera morir de amor eterno en su regazo…
Dicen por ahí que en la ciudad de “Sasha” en las noches oscuras de invierno florecen rosas que cantan una canción: “El león con corazón de jabalí, lo vimos pasar, pasó por aquí, muy sonriente y feliz, con alas blancas como un ángel, enamorado de un ave que no es perdiz”…
martes, 7 de abril de 2009
NO VUELVAS...
Es un duelo como ningún otro, adornado con globos de colores, sin llanto, sonrisas sin ruido, decepción y esperanza. En el desespero de tu caminar sobre mi mente, esperé el momento de tu sueño, para llegar silencioso, como un animal en asecho y asfixiar con mi almohada favorita tus mensajes, las canciones que dedicaste y las mentiras que estaba acostumbrado a escuchar. Si, fui confiando, confié en tus años de experiencia, en la aparente madurez que ellos traen y en tu alma que se presentó con la agudeza de una flecha. Si, lo entiendo, tú no te equivocaste, me equivoqué yo. Pensé demasiado, pensé que tu edad era una garantía, un cheque amparado en el oro, pero una vez más cometí el mismo pecado, confiar, creer y querer. Tuve razón, te quise, no sé si como alguien a quien el futuro le entregarías tu cuerpo en pasión desenfrenada o como la hermandad que un día partió de mi casa y encontré en ti. Hablando sin metáforas, porque a decir no verdad la decepción no se lleva bien con ellas. Debo decir que con esmero termine de borrar tus huellas, de quitarlas de mis labios, de apartarlas de mi teléfono, olvidaré tus canciones, como olvidaré tu cabello perfecto que se deslizaba como una cortina para despejar tu sonrisa. Mentiras, mentiras fueron las tuyas, mentiras que me arrastraron en una segunda traición, en una que como siempre has preferido desaparecer y dejarme aquí, sentado, esperando. Decepción, si, ya he mencionado que un poco. Sorprendido, si, no quiero ser como tú dentro de unos años, a diferencia de tu estilo el tiempo me cambiará, me ha cambiado, ahora soy sincero conmigo mismo, sé respetar, y como una buena tormenta con las horas me haré fuerte, inalcanzable para humanos como tú, hasta el día que desaparezca en los cielos junto a Dios.
No vuelvas, no te estoy esperando, te estoy sepultando en los rincones de mi mente. Sé que una noche nuestros cuerpos se volverán a encontrar, pero nada será igual, pasaré y no mirarás. Te veré y no retrocederé, seguiré sonriendo toda la noche, sabiendo que estás ahí, te miraré cuando tus ojos no me conviertan en piedra, llevaré tu aroma un tiempo más en mis abrazos, hasta que un día no seas más que el mínimo recuerdo de mi travesía por las montañas de la juventud…
sábado, 28 de marzo de 2009
SON SÓLO PENSAMIENTOS...
Me siento feliz de tenerte, no lo dudes, pero es inevitable eludir los pensamientos. Me encanta leer tus palabras, descifrar tus párrafos, morir de emoción con tu foto de sombrero, pero a veces, sólo a veces, los pensamientos se cruzan, irremediables, fatales; como un tsunami se desbordan por mi alma y se escapan por las orillas de mis ojos. Quizá soy un imposible en tu vida, quizá no lo sabías pero amas los imposibles, por eso me amas. Quizá amas tu soledad, el no tener tiempo para otras pasiones que no sea tu pasión por la letra, el color y la imagen en movimiento. Tu deseo puede ser la soledad mencionada, como el amor que te puedo brindar, un amor sin aromas, un sentimiento que divaga en los horarios, que coincide con los mensajes estáticos pegados en la pantalla de la frivolidad. Un amor solo. Un amor donde me tienes y te tengo, pero a la vez no nos tenemos. Al tiempo que tu mirada se regocija con otros cuerpos, mis deseos de tenerte comienzan y terminan en mis manos, aunque apago mis pestañas y sueño que sean tus manos, tus labios, tu cuerpo los que hurtan mis pasiones. ¿Lo has pensado?, tal vez amas el estado en el que estás ahora, amando, pero amando en un planeta lejano, donde no hay obligaciones de cartas de amor absurdas, de visitas en las noches en el jardín, de fines de semana amarrados en un lazo que te aparte de tus amigos, bajo un lienzo que cubre el corazón y que según dicen los expertos es el único capaz de cambiar el amor materno, por un amor pasional, un amor que logra sobreponer la llama de afecto por el ser que dió su vida por ti. Te esperaría hasta el fin, de verdad te esperaría, pero quiero hablarte, tener el consuelo de las curvas de tu piel. No lo pienses tanto, son sólo pensamientos, pensamientos locos que llegan para susurrarme al oído, que tal vez no me amas a mi, amas tu soledad, por eso me amas en la distancia, no te das cuenta, amas tu vida como está, tu vida sin mí… No lo olvides, son sólo pensamientos…
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